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Boletín, 07 de Junio 2014: ¿Cómo ha evolucionado el teléfono móvil?

por Javier Moraga Soto-aguilar – CE5UFR

movil

El teléfono móvil nació hace cuarenta años como un armatoste de casi un kilo de peso. Pero con el paso del tiempo ha ido estilizándose y evolucionando hasta convertirse en una lámina de cristal, silicio y aluminio, un verdadero ordenador de bolsillo que además sirve para hablar.

La era de los móviles inteligentes o smartphones –en 2012 se vendió el que hacía el número mil millones– ha abierto un nuevo universo de aplicaciones y conectividad que está cambiando desde la forma en que nos comunicamos hasta la economía. De hecho, el número de líneas móviles equivale al 85 % de los habitantes de la Tierra y en los países desarrollados supera el 100 %, pues hay usuarios que poseen varias de ellas. Así, en 2013, en España había más de 52 millones.

El 3 de abril de 1973 Martin Cooper, ingeniero de Motorola, hizo la primera llamada con móvil, un ladrillo de 800 gramos y 30 minutos de batería. Con él llamó a su rival de Bell Labs Research. Diez años después, el Motorola DynaTAC 8000x, resultado del trabajo pionero de Cooper, se convirtió en el primer móvil en ser comercializado: costaba 3.995 dólares y recargarlo llevaba 10 horas.

Pero la auténtica revolución en este campo llegaría a finales del siglo XX y principios del XXI. En 1999, se introdujo en el mercado el Bluetooth, el estándar de comunicación inalámbrica a corta distancia que dio paso a los manos libres cuyo nombre y símbolo aluden a Harald Blåtand –Bluetooth–, rey escandinavo del siglo X. Ese mismo año, apareció el Benefon Esc!, un móvil con GPS que inauguraría la era de la geolocalización para estos dispositivos. Se vendió sobre todo en Europa. Igualmente, la probable extinción de las cámaras compactas comenzó muy poco después, el día en que se anunció el Samsung SCH-V200, el primer móvil con cámara digital.

No obstante, en 2003, el Nokia 1100, que no la tenía, pero era barato y fácil de usar, era el más popular del mundo. Se vendieron 250 millones de ellos hasta 2007, año en el que Steve Jobs presentó el iPhone y lo cambió todo. Aquel teléfono totalmente táctil y centrado en internet y las aplicaciones reinventó el concepto de móvil y puso al resto de la industria a imitarlo frenéticamente.

Una consecuencia más o menos directa fue el lanzamiento de Google Wallet en 2011, un monedero virtual que acepta cualquier tarjeta de crédito y débito y funciona como estas. Hoy, mientra se amplía la cobertura 4G, la tecnología que permite realizar transferencias de datos diez veces más rápido, Samsung y Apple acaparan más del 50% del mercado de smartphones.

Boletín, 30 de Mayo 2014: El Campanil, Símbolo Universitario y Penquista

por Carlos Valdebenito Avendaño – CE5VAO

El Campanil, cortándose sobre los oscuros pinares y en el luminoso raso del firmamento, es bello. Será siempre bello. Va a ser el símbolo universitario por excelencia, signo de rectitud y elevación, columna que difundirá en las almas goce, placidez y serenidad, flecha que apunta a la altura, como la filosofía, donde más allá de las nubes que amedrentan, triunfa la claridad celeste, así se expresaba don Enrique Molina Garmendia, en octubre de 1943, poco después de haber sido construido el campanil de la Universidad de Concepción.

campanil_antiguaCampanil Universidad de Concepción (antigua)

Fue precisamente él, quien altamente impresionado por las características de la Universidad de California, en Berkeley, esgrimía la idea de una “ciudad universitaria”, una Universidad parque, abierta a todo visitante y en la que se levantara imponente un Campanil.

140px-CampanileMtTamalpiasSunset-originalCampanil Univerisad de California, Berkeley

Así, en una descripción que hace de la Universidad de California, dice: “…se alza el hermoso, blanco y altísimo campanil de la Universidad, como un faro espiritual, como un emblema del benévolo señorío de la cultura universitaria. Desde casi todas partes del pueblo se ve el campanil, se ve desde San Francisco y se ve desde Oakland, otra gran ciudad vecina; y el viajero que no sabe su camino puede orientarse por la superior enseña de la Universidad”.

Fuertemente motivado, entonces, por la apariencia física de las universidades norteamericanas, en marzo de 1941, don Enrique Molina presentó la propuesta de construcción del Campanil de la Universidad de Concepción al Directorio de la Corporación, siendo aprobada por la unanimidad de sus miembros. A partir de dicha aprobación, el Directorio solicitó al arquitecto Enrique San Martín proyectos de Campanil suyos o de otros arquitectos, a raíz de lo cual San Martín adjuntó al diseño que previamente había presentado el arquitecto Julio Ríos Boetigger, otros dos proyectos suyos y uno del arquitecto santiaguino Alberto Cormaches.

“El proyecto de Cormaches -como también el de Ríos Boetigger- era avanzado, futurista y muy influido por la arquitectura más vanguardista, de manera que no gustó a los directores ni a don Enrique Molina. La verdad es que no se ajustaba a la imagen de los edificios de la ciudad universitaria ni a la idea que el Rector había traído desde la Universidad de California, que correspondía más bien a un campanil de estilo italiano” -más específicamente al estilo del Campanil de la Plaza de San Marcos en Venecia-, relata el Decano de la Facultad de Arquitectura, Jaime García Molina, en su libro El Campus de la Universidad de Concepción: su desarrollo urbanístico y arquitectónico”.

“Los dos proyectos de San Martín, en cambio, eran más conservadores y ajustados a la arquitectura del conjunto. De estos, el Directorio eligió uno, el más clásico, que además se ajustaba con la imagen del Campanil conocido por el Rector Molina en la Universidad de California, en Berkeley”.

140px-70CampanileSMarcoCampanario Plaza San Marcos, Venecia

La construcción de esta gran obra arquitectónica se encargó al Constructor Civil, Juan Villa Luco. Se hizo de concreto armado, con 42 metros y 50 centímetros de altura, con escaleras en su interior y un balcón en la parte superior.

Terminado en 1943, con un presupuesto de $994.630 de la época, fue inaugurado en los primeros meses de 1944, junto con el proyecto Casa del Deporte. Al comienzo se permitía a los visitantes subir hasta el balcón del Campanil, práctica que se abandonó más tarde como una manera de preservar en mejor forma la estructura del Campanil.

Tras haber estado treinta y siete años en el cargo de rector de la Universidad, Enrique Molina fue reemplazado por el abogado David Stitchkin en 1956. Al primer mes de asumido el cargo, el nuevo rector hizo presente al Directorio la necesidad de desarrollar un Proyecto de Reestructuración docente y con ello la ampliación el campus universitario, que permitiera captar, con la creación de nuevas carreras y cursos, “las vocaciones y preferencias que ahora se pierden irremediablemente” -decía-, producto de la incapacidad de las Universidades chilenas de “recibir a todos los egresados que, año tras año, le va entregando la educación secundaria”. Con este fin, Stitchkin solicitó al arquitecto y urbanista Emilio Duhart un plan regulador, que comenzó en 1957 y que en 1958 fue presentado al Directorio, considerándose como base la construcción del Foro de la Universidad, a los pies del Campanil.

Para el cincuentenario de nuestra Universidad, en 1969, se realizó el Primer Concurso de Canto Universitario, en el que la alumna de francés Josette Darmendrail presentó su canción “Campanil”, cuya letra versaba:

“Los he visto desde mi alto mirador estudiar con afán y en complicidad fugaz esperanzas he escuchado sollozar.

Ilusiones que se van, alegría en carnaval o la rosa que algún llanto deshojó. Todo viene a renacer junto a la frescura del aromo que vuelve a florecer.

Mi secreta campanilla se hace voz y al cruzar el confín, enlazada va también la silueta de este viejo campanil…”

Boletín, 28 de Mayo 2014: Alan Turing – Padre de la Computación

por Carlos Valdebenito Avendaño – CE5VAO

Alan Mathison Turing (Londres, 1912- Wilmslow, Reino Unido, 1954) es considerado una de las piezas clave en el mundo de la computación, además de contribuir decisivamente en campos como la informática teórica y la criptografía. Entre sus más destacables hitos científicos encontramos: la función calculable, la máquina de Turing, el pre-desarrollo de la computadora Colossus, la desencriptadora Bombe, la prueba sobre inteligencia artificial, además de un largo etcétera de aportaciones conceptuales y técnicas para el desarrollo de la ciencia.

El matemático británico pasó gran parte de su infancia en la India dado que su padre tenía el lugar de trabajo en la Administración Colonial del país. Desde muy pequeño, Turing mostró un gran interés por la lectura, los números y los rompecabezas; sus ansias de conocimiento y experimentación llegaban hasta tal punto que a los ocho años, atraído por la química, diseñó un pequeño laboratorio en su casa. Su carrera escolar estuvo marcada, por un lado, por sus aptitudes y su facilidad por las matemáticas y, por el otro, por su carácter inconformista que le llevaba a seguir sus propias ideas y apartarse del rígido (e ilógico, según su parecer) sistema educativo. Como curiosidad, cabe decir que Turing recorría alrededor de 90 kilómetros para poder ir a la escuela, dato que nos hace entender como, más adelante, además de científico, fue un atleta notable de rango casi olímpico. En la escuela de Sherbone, ganó la mayor parte de los premios matemáticos que se otorgaban y, además, realizaba experimentos químicos por su cuenta aunque la opinión del profesorado respecto a la independencia y ambición de Turing no era demasiado favorable. Con poco más de quince años, entró en contacto con el trabajo de Albert Einstein y, además de entender sus bases, comprendió las críticas de éste a las Leyes de Newton a partir de un texto en el que no se explicitaba tal cometido.

En 1934, Turing se graduó en la Licenciatura de Matemáticas en la Universidad de Cambridge y, en 1936 publicó el artículo “Los números computables, con una aplicación al Entscheidungsproblem” en el que ya hablaba del concepto de algoritmo y exponía las bases de su máquina de calcular: la Máquina Universal (de Turing). La base de ésta máquina ficticia -no se llegó a diseñar- es la posibilidad de aceptar programas finitos de longitud arbitraria, es decir, limitar y simplificar las posibilidades numéricas, función que no podían realizar las máquinas de calcular del momento. La máquina de Turing podía llevar a cabo todo tipo de operaciones con la misma lógica que el cálculo humano a partir de ciertas bases como tener un número finito de símbolos, resultados o instrucciones. La máquina consta de un aparato de lectura y escritura ante el cual se desplaza, en ambas direcciones, una cinta potencialmente infinita dividida en casillas. La máquina puede encontrarse en un estado pasivo (finito) o activo (infinito). En su funcionamiento, dado un estado activo y una determinada inscripción de la cinta, la máquina realiza una acción elemental y, si el resultado vuelve a ser activo, la máquina actúa de nuevo hasta alcanzar un estado pasivo. La puesta en práctica de la Máquina Turing no fue posible hasta sus trabajos posteriores durante la Segunda Guerra mundial.

Después de su estancia entre los años 1937 y 1938 en la Universidad de Princeton en Nueva Jersey, obtuvo el Doctorado y anunció el concepto de hipercomputación, que tomaba como base la Máquina Universal y preludiaba una nueva “máquina oráculo” que permitiera el estudio de problemas cuya solución algorítmica no existiera. Entre 1938 y 1939 volvió a Inglaterra y estudió filosofía de las matemáticas. Su carrera profesional dio un salto con la llegada de la Segunda Guerra Mundial gracias a su trabajo como criptógrafo en una división de la Inteligencia británica. El ejército precisó de la labor de Turing para poder combatir contra el bando alemán a partir de descifrar los códigos que su Marina emitía con la máquina Enigma y los codificadores de teletipos FISH. El resultado del trabajo capitaneado por Turing fue la máquina descifradora Bombe y varias computadoras electrónicas Colossus, consideradas, para algunos, los primeros ordenadores de la historia y, por lo tanto, el inicio de la informática y además, un paso que marcó el curso del conflicto bélico. La función de la máquina electromecánica Bombe era eliminar las claves enigma candidatas y se convirtió en el instrumento básico de los aliados para leer las transmisiones de la Enigma. Para ello, se implementaba eléctricamente una cadena de deducciones lógicas para cada combinación posible del código de modo que se podía detectar cuando ocurría una contradicción y desechar la combinación. Debido a la importancia de su trabajo, Turing recibió, en el año 1946, la Orden del Imperio británico (otorgada a aquellos que han hecho algo significativo para el Reino Unido). Tal fue la relevancia y secretismo de la ruptura de códigos de Turing que sus trabajos no han sido publicados hasta los años 70.

Después de ser contratado por el Laboratorio Nacional de Física (NLP) para competir con un proyecto americano, Turing se convirtió en el Oficial Científico Principal en la Automatic Computing Engine. Su estancia en la ACE dio sus frutos con conceptos como las redes de cómputo, la subrutina y la biblioteca de software además de constituir las bases de la red neuronal. Al abandonar, en 1948, la NLP, el trabajo de Alan Turing se dirigió hacia el campo de investigación de la Inteligencia Artificial, de hecho, el concepto en sí de esta disciplina nació de la mano de Turing. Anteriormente, habían surgido algunas teorías sobre la Inteligencia Artificial, pero no fue hasta la aportación de Turing que esta rama de la ciencia alcanzó la repercusión que puede tener hoy en día. En un artículo publicado por él en el año 1950, “Computing Machinery and Inteligence”, Turing apuntaba el hecho de sí las máquinas pueden pensar o no. Para sacar conclusiones sobre ello, el matemático desarrolló el Test de Turing con el que trataba de reafirmar la existencia de la inteligencia en las máquinas. Su argumentación para encauzarse en este estudio se basaba en el hecho de que si una máquina se comporta como inteligente, en consecuencia, debe ser inteligente. Por lo tanto, existe Inteligencia Artificial en el momento en el que no logramos distinguir entre un ser humano y una máquina. El desafío de la prueba de Turing se efectuaba con dos personas y una computadora: en una habitación se ubicaba a una persona, el juez, y en la otra la persona restante y la máquina. El juez, que emitía preguntas tanto al ordenador como a la persona, debía descubrir cual era el ser humano y cual era el ordenador a partir de sus respuestas. La prueba consistía en ver cual de ambos sabía mentir mejor a las respuestas del juez para que éste no pudiera distinguir quién era la máquina y quién el hombre. Con este método se observaba si la máquina podía engañar al interrogador y por lo tanto pasar el Test de Turing. Aunque a nivel práctico, no obtuvo el éxito esperado, el diseño de la prueba desencadenó múltiples respuestas teóricas.

Por otro lado, desde 1952, Turing se centró en otra materia: la biología matemática. Su trabajo fue recogido en el libro “Fundamentos Químicos de la Morfogénesis” y estaba enfocado en analizar la existencia de los números de Fibonacci -sucesión de cifras que está presente en la naturaleza de forma estable- en las estructuras vegetales.

La vasta carrera de Turing se vio deteriorada por cuestiones personales. La “condición” de homosexual del matemático le llevó a ser condenado ya que en ese momento, en Inglaterra, se concebía como un delito. Ante la opción de ir a la cárcel o someterse a una castración química, Turing optó por la segunda, que le provocó trastornos físicos y en consecuencia, psicológicos. En 1954, con tan solo 42 años, Alan Turing murió envenenado con una manzana recubierta de cianuro -algunos apuntan cierta relación con manzana mordida del logotipo de Apple. Muchas son las hipótesis acerca de su fallecimiento (muerte involuntaria, asesinato, suicidio) pero lo que sí es cierto es que, una vez más, la historia demostró la incongruencia del ser humano y, con ello, la pérdida de un gran profesional que aportó conceptos clave para el desarrollo de la ciencia.

Boletín, 25 de Mayo 2014: Nuestro Sabroso y Rico Pan

por Luis Rodriguez Cuadra – CE5LRC

El pan, alimento básico de muchas culturas, sobre todo en Europa, América, la India y Oriente Medio, se prepara horneando una masa compuesta por harina de cereales –por lo general trigo–, sal, agua y levadura; elemento, este último, que procura la fermentación de la masa, antes del horneado, logrando que sea más esponjosa y tierna a causa de la aparición de pequeñas burbujas de dióxido de carbono. Estas aparecen gracias al gluten, uno de los componentes, junto al almidón, de las harinas resultantes de los cereales molidos. El gluten –prohibido para las personas celíacas– es un conjunto de proteínas insolubles en el agua que le dan el aspecto y la consistencia al pan, mientras que el almidón, que representa alrededor del 70% del peso de la harina, aporta proteínas vegetales y le da la estructura y el olor característico al pan.

El pan que se elabora prescindiendo de la levadura se conoce como pan ácimo. Además del trigo, también se elaboran panes a partir de otros cereales como el centeno, la avena, el maíz, la cebada o el arroz.

HISTORIA DEL PAN
La palabra pan proviene del latín pannus, que significa masa blanca. Es probable que en sus orígenes el pan fuera elaborado sin levadura. Históricamente, el pan siempre ha estado presente en el devenir de la humanidad. Las primeras evidencias del empleo de levadura quedan constatadas en los hallazgos arqueológicos relacionados con la cultura egipcia. Se sabe, asimismo, que emplearon hornos y que su importancia fue tal que incluso se utilizaba como moneda de cambio, llegándose a pagar salarios con tan preciado alimento.

El uso del pan se extendió al mundo conocido con el Imperio Romano, que ya poseían hornos públicos. El pan era un elemento fundamental de su dieta. A partir de ahí se generalizó el cultivo del trigo. Con la caída del Imperio Romano, el desabastecimiento de este cereal afectó a toda Europa, ya acostumbrada a su consumo. De ahí que aparecieran “sucedáneos” como el pan de centeno, cebada, avena o maíz. El pan blanco se convirtió en un bien escaso y, por tanto, un privilegio al alcance de los más pudientes. El resto de la población consumía pan negro: de centeno, cebada o avena.

ELABORACIÓN
Los ingredientes imprescindibles para elaborar el pan son agua, harina, sal, levadura y masa madre. Todos ellos se mezclan en una máquina a tal efecto llamada amasadora, primero a una velocidad lenta y luego más rápida. Una vez concluido este proceso se pasa a otra máquina llamada boleadora para pasar, después, a una cámara donde permanecerán en reposo unos 35 minutos a una temperatura controlada, con el objeto de que adquieran el volumen adecuado y poderle dar la forma deseada. La masa debe fermentar unos 90 minutos. Posteriormente se pone en el horno tras efectuar previamente unos cortes para evitar que se rompa.

EL CONSUMO DEL PAN
Chile tiene un consumo medio de unos 90 kg. de pan al año por habitante, o lo que es lo mismo: 200 – 250 gramos al día. Se trata de segundo consumo más alto del mundo y está por encima de o que recomienda la OMS en cuanto a lo que se considera el consumo ideal.

ALIMENTO SANO Y RECOMENDABLE
El pan no es en sí mismo no debe considerarse excesivamente calórico; el problema, de hecho, surge muchas veces por el acompañamiento que se le da al mismo, como pueden ser las salsas u otros componentes alimenticios especialmente ricos en grasas y muchos más calóricos que el propio pan.

El pan es una fuente excelente de hidratos de carbono. El consumo diario de una barra de pan viene a cubrir una cuarta parte de las necesidades diarias de energía y fibra, con el añadido nada desdeñable de hacerlo a un precio sin competencia. Si además nos decantamos por el pan integral, la cantidad de fibra asciende al 50% de nuestras necesidades diarias. Existen, además, otros aspectos a tener en cuenta, como puede ser su interesante aporte de vitamina B y su nulo contenido de grasas

Boletín, 24 de Mayo 2014: Arturo Fernández Vial, el Heroe de Iquique

por Luis Rodriguez Cuadra – CE5LRC

Durante la década de 1980, el nombre de Arturo Fernández Vial comenzó a masificarse gracias a irrupción del popular club de la Región del Biobío en el fútbol profesional. También por figuras que vistieron la camiseta aurinegra como Nelson Acosta, Mario Kempes, Arturo Sanhueza o Richard Zambrano.

Pero mucho antes, exactamente el 21 de mayo de 1879, el guardiamarina Arturo Fernández Vial fue uno de los héroes en el Combate Naval de Iquique, acontecimiento que este miércoles cumplirá el aniversario número 135.

“Siempre ha sido y fue un orgullo para la familia, porque estuvo en el Combate Naval de Iquique. Siempre celebrábamos el 21 de mayo. Pero siempre un tema bastante complicado, pues siempre a Fernández Vial se le conoció por el equipo de fútbol”, expresa a La Tercera Felipe Simián Fernández, bisnieto del histórico personaje que inspiró el nombre del club penquista.

“Cuando era chico -tengo 42 años- era el equipo de fútbol para todo el mundo“, añade el descendiente. Por este motivo, y para valorar a Arturo Fernández Vial en todo su esplendor, comenzó a recopilar datos sobre la actuación de su bisabuelo en Iquique. “Sabía que había clavado la bandera (en la Esmeralda). Sabíamos que era un marino ilustre, que su nombre era el de un equipo de fútbol, que amigo de Gabriela Mistral. Se sabían cosas de él. Pero después descubrimos que tuvo un rol muy importante en el combate naval de Iquique”, explica Simián Fernández.

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DEFENDIENDO LA BANDERA HASTA EL FINAL
Junto al nieto de Arturo Fernández Vial, Pedro Naveillan Fernández, y la historiadora Paulina Gómez Miranda, Felipe Simián Fernández inició una investigación para aclarar con exactitud lo que hizo el entonces guardiamarina a bordo de la Esmeralda el día del combate. Y el trabajo de recopilación -fechado en noviembre de 2009- concluyó que Fernández Vial tuvo un relevante papel tras el abordaje y posterior muerte de Arturo Prat.

Después del primer espolonazo del Huáscar y el fallecimiento del capitán de la Esmeralda en el barco peruano, asumió el mando de la nave chilena Luis Uribe, el segundo en antigüedad. Durante un breve cese al fuego, encabezó una reunión de tenientes para decidir qué hacer ante la evidente desventaja en el combate. En medio de ella, y para evitar que Miguel Grau (Comandante al mando del Huáscar) creyera que los oficiales chilenos analizaban la rendición, se ordenó a un marino subir por el Palo de Mesana para reforzar la bandera chilena.

En ese momento, Arturo Fernández Vial trepó y clavó las drizas de la bandera chilena. De este modo, el emblema patrio era reforzado, con el objetivo que evitar que se arriara. Esta fue la señal de que los chilenos no se rendirían, y que estaban dispuestos a pelear hasta morir.

“Siempre se decía que era alguien desconocido. Pero nosotros, a través de documentos de la época, descubrimos que él había hecho eso. Y ese hito dentro del combate fue súper importante porque, de frentón, se lucha hasta la muerte. No es algo menor”, complementa Simián Fernández.

Luego de este episodio, Miguel Grau comprendió que los chilenos no se rendirían, por lo que decidó atacar con un segundo espolonazo. Previo a ello, Ignacio Serrano encabezó un grupo que intentaría un segundo abordaje. La misión de Fernández Vial era lanzar un anclote al Huáscar, para mantener la unión de la Esmeralda con el buque peruano.

Sin embargo, el segundo espolonazo y el abordaje se produjeron anticipadamente, por lo que Fernández Vial quedó con el anclote en sus manos. Inmediatamente, y en medio del fragor de la batalla, surgió entre los tripulantes la preocupación por la integridad del pabellón patrio tras la muerte de toda la “guardia de bandera”.

Las esquirlas provenientes del Huáscar hacían correr el riesgo de que la bandera chilena se desprendiera. Por esta razón, Arturo Fernández Vial y Vicente Zegers deciden izar una segunda. Es decir, la Esmeralda quedó con dos banderas nacionales izadas, a fin de que al menos una se mantuviera flameando en caso de que alguna de ellas fuese arrancada por un proyectil.

“Fernández Vial fue el alma del buque después de que murió Prat. Incluso, después del segundo espolonazo, junto con Vicente Zegers subieron una segunda bandera chilena. Estuvo avivando a la gente todo el tiempo“, refuerza el bisnieto.

Tras ello, el Huáscar giró con rapidez para dar un tercer espolonazo, esta vez el definitivo. Junto a Zegers, Arturo Fernández Vial -de 21 años al momento del combate- se mantuvo en la posición de “guardia de bandera” hasta el hundimiento de la Esmeralda. Finalmente, fue apresado por los peruanos y, con posterioridad, liberado tras un canje de prisioneros.

EL “LOCO” ARTURO FERNÁNDEZ VIAL: “LA PEGA LA HICE”
Después de su particiación en el Combate Naval de Iquique, Raimundo Arturo Fernández Vial (nacido el 15 de marzo de 1858 y fallecido el 6 de noviembre de 1931) continuó en la Armada y llegó a convertirse en almirante. Estuvo en la institución hasta 1916, cuando se le otorgó su retiro.

Todavía como uniformado, fue encomendado para realizar distintas misiones como, por ejemplo, estudiar y atender el cambio de la artillería a fines del siglo XIX; también organizó por primera vez en Chile compañías del desembarco en la Armada; realizó viajes de instrucción de guardiamarinas a Estados Unidos, Japón y Oceanía; fue enviado a Inglaterra a inspeccionar la construcción de diversas naves para el Gobierno de Chile; entre otras tareas.

Por otro lado, siendo aún parte de la Armada y también después de su retiro en 1916, Arturo Fernández Vial tuvo una activa participación como organizador social. Entre otras obras, creó escuelas nocturnas para obreros, lideró asociaciones deportivas vinculadas al fútbol y al atletismo, y creó la Acción Cívica Contra el Alcoholismo. “Él siempre decía que el alcohol era uno de los peores males de la sociedad”, explica Simián Fernández (En la foto de arriba posando junto al retrato de su bisabuelo).

El bisnieto destaca que Arturo Fernández Vial “no era clasista”, y que no tenía problemas para relacionarse con el mundo obrero. Tanto que “cuando se salió de la marina lo agarró la izquierda. Era un referente social”. 

Estando todavía en la Armada, cuenta que “a la gente de mar le enseñaba a cantar para levantar y mantener el ánimo. Llegó a tal envergadura que dijo ‘yo necesito que la gente cante mientras hace deporte. E inventaba canciones, para levantar el ánimo. Un diputado de la época dijo ‘cómo se le ocurre enseñar a cantar a la gente que no tenía educación’. Los hacía hacer deporte y cantar”.

“En la marina propuso el deporte. Caminaba. El ‘loco’ decía ‘me falta caminar 15 cuadras. Si me quedo en cama no hago nada. Hay que ejercitarse’. Todo eso lo hacía en medio de su actividad”, añade.

Lo de “Loco” lo explica Simián Fernández: “Todo el mundo ocupaba sombrero en la calle. Él no lo usaba porque lo encontraba una estupidez (…) en las películas de la época todos usaban sombrero. El ‘viejo’ creía que era una estupidez. Y todo el mundo se lo sacó, pero él lo hizo diez años antes”.

Además, cuenta que “siempre lo invitaban a conmemorar el 21 de mayo, porque era un héroe. Pero decía que no le interesaba, decía que ‘la pega la hice'”.

EL CLUB ARTURO FERNÁNDEZ VIAL: “ES UN ORGULLO, TENEMOS EL MISMO REFERENTE”
En 1903, en Valparaíso se juntó un numeroso grupo de trabajadores portuarios y ferroviarios, que estaban muy cerca de llegar a una huelga. Y como algunas revueltas iniciales hacían pensar en un fuerte conflicto, el presidente Germán Riesco designó al Jefe de Plaza de Valparaíso, Arturo Fernández Vial, como responsable para detener la huelga.

“El sistema judicial no estaba tan desarrollado como ahora. Entonces, el presidente le dijo que resolviera todo. Y el Almirante solucionó el conflicto sin derramar una gota de Sangre“, relata el bisnieto de Arturo Fernández Vial. El Jefe de Plaza aceptó gran parte del petitorio de los trabajadores.

Paralelamente, ese mismo año 1903 se realizaron las Olimpiadas Deportivas de Valparaíso. Uno de los participantes fue el “Club Deportivo Ferroviario Internacional de Concepción”, que había sido fundado en 1897 por trabajadores del ferrocarril. Y con el recuerdo fresco de las reivindicaciones aceptadas, los penquistas decidieron rebautizarse como “Club Deportivo Almirante Arturo Fernández Vial”, el 15 de junio de 1903.

“Es un orgullo. No hemos tenido mucho vínculo con el equipo de fútbol. No sabría decir por qué. Tenemos el mismo referente, pero no hay mayor vínculo”, confiesa Simián sobre la relación de los descendientes de Arturo Fernández Vial con el club de Concepción.

En todo caso, asegura que “al equipo de fútbol hay que destacarlo porque es como el ‘Colo Colo del sur’. Todo el mundo conoce a Fernández Vial por el equipo, pero se nos está perdiendo el combate de Iquique”.



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